Sep 23

Casi el 37% de las ferreterias españolas tienen el caos implantado como herramiemtas negativa de trabajo

El caos es el resultado del desorden, la poca programación y una alta dosis de improvisación, entre otras muchas cosas. El caos no es una mera palabra en las ferreterías, ya que se ha pronunciado o vivido en más de una ocasión. Pero, ¿qué ocurre cuando el caos no es algo esporádico, sino sistemático?

Pues que nos adaptamos, asimilamos todos los problemas y costes que nos genera y, antes de querer solucionarlo, aplicamos una gran dosis de resignación, dejamos que pase el chaparrón o el problema hasta el próximo caos.

El caos esporádico no es malo, sino todo lo contrario, porque nos activa en un momento concreto de exceso de ventas o trabajo. Y esto es bueno. Pero cuando el caos es la consecuencia de hacerlo mal y se sistematiza, entonces es el principio del fin. No hay ninguna ferretería que aguante un nivel de caos constante, porque el coste que supone tanto económico como personal es insoportable.

Normalmente, para hacer frente a algunos caos, pedimos un favor a nuestros empleados: que se queden un rato más para reponer o preparar pedidos, recepcionar, preparar las ofertas… y no pasa nada. Pero cuando este tipo de necesidad y esfuerzos se convierten en permanentes y no se consigue cortar o solucionar el caos que los provoca, lo que hacemos es empeorar aún más la situación. Lo último que podemos estropear o maltratar es a nuestros empleados y, cuando les exigimos más o mucho más de lo que tienen que hacer habitualmente, no es bueno.

No les podemos mentir diciendo que es momentáneo debido a un exceso de trabajo o de entregas, etc. Porque la verdad es que hay falta de planificación y control sobre la ferretería y todo lo que ocurre en ella. No todo el mundo tiene la capacidad de saber del negocio, organizar, mandar, vender, comprar, ganar dinero, tener calidad de vida, etc. No es imposible, pero sí difícil. Por este motivo, no todo el mundo tiene una ferretería que le funcione perfectamente.

Planificación para evitar el caos

En primer lugar, se requiere querer hacerlo bien y luego fijar los objetivos a los que queremos llegar contando con los recursos o los medios. Un ejemplo: no podremos vender un frigorífico y que lo reparta una sola persona y además en una moto. Esto no es posible: antes de vender el frigorífico tendremos que saber si contamos con personal para ayudar en la entrega y un vehículo adecuado para este tipo de transporte. El caos llega el día de la entrega: solo sabemos que tenemos que entregarlo, pero no hemos pensado cómo lo haremos. En este caso, ha prevalecido la idea de vender de la forma que sea y no hemos tenido en cuenta que no tenemos los medios para garantizar este tipo de entrega. Hemos intentado cerrar la venta sin pensar en nada más.

Esta falta de planificación y de improvisación es uno de los principios del caos: no hay orden, no hay programación y la improvisación está siempre presente. El coste es muy alto, desde quemar y forzar a nuestro personal hasta la posibilidad de perder al cliente por mal servicio por plazo y entrega, utilizar más recursos de los necesarios para localizar un vehículo y una persona para la entrega con el sobrecoste que ello conlleva y por la premura de tiempo (debería de estar todo bien preparado y dispuesto el día antes como mínimo). Y se producen dos costes: el del personal (presiones, mal humor, cansancio, ganas de cambiar de empresa, etc.) y económico, por el sobrecoste que supone tener el caos como un elemento más en nuestra ferretería.

El desorden debería de ser esporádico

No siempre el orden es bueno y el desorden, malo. El problema estriba en no saber controlar cada uno de los límites del orden y el desorden que generan el caos. Nuestra atención y nuestro ingenio mejoran ante las situaciones complejas y difíciles, pero debemos de saber valorar el coste que supone tener el caos como un compañero de trabajo todos los días. Improvisar, en muchos casos, es una forma de trabajar más, ya que el límite que tiene un ferretero y la presión que este límite ejerce hace que el rendimiento sea mayor. Pero solo sirve para este tipo de ferretero y no para toda su organización ni para los propios clientes, que viven este tipo de conducta o sistema con fallos en las entregas, errores, retrasos, etc. No podemos aceptar que el desorden sea una parte más de nuestra vida y nuestra forma de trabajar: debería ser un hecho muy concreto y esporádico.

Si analizamos todo lo que nos aporta permanecer siempre en situación de caos y lo que nos aportaría si no viviéramos con él, no dejaríamos que ocurriera. Sin ningún tipo de duda que las ferreterías que funcionan, facturan, obtienen beneficios, ganan clientes, crecen, amplían, etc., no es solo por vender tornillos, herramientas, o pintura de una marca concreta. Es por una serie de acciones que van desde la oferta, la imagen, los empleados hasta las sensaciones que perciben los clientes antes de entrar o cuando están siendo atendidos.

Todo se puede solucionar

Todos estos puntos marcan la diferencia entre una ferretería que va bien y otra que va mal. Casi el 37 % de las ferreterías españolas tienen el caos implantado como herramienta negativa de trabajo, lo que les genera ir a menos y no a más. Este mal sistema se debe cortar de inmediato. Como siempre decimos, todo se puede solucionar, siempre que se quiera. Si no sabemos cómo, podemos contar con ayuda de un especialista consultor en optimización y estrategia en el punto de venta de ferretería, que conoce los problemas comunes de todos los ferreteros y también las soluciones que hay que aplicar en este tipo de casos.

No se trata de un problema de inversión, sino de conducta y actitud. Hay que querer cambiar y mejorar, no dejarlo para otro día, ya que este próximo día es otro día con caos y es el nunca acabar con los grandes costes que supone. Estas malas costumbres se van sumando y se van haciendo visibles cada día con más frecuencia.

Por ejemplo, no saber qué hacer cuando estamos preparando el pedido cinco minutos antes de que lo recoja la agencia para su reparto y observamos que no es la referencia que nos pedía el cliente, que lo está esperando porque lo necesita urgentemente. ¿De quién es culpa? ¿Del proveedor, que lo ha enviado mal? ¿De la persona que lo ha pedido y lo ha pedido mal? ¿Del recepcionista, que no lo ha verificado correctamente cuando ha llegado? ¿O se debe a no preparar la expedición con tiempo suficiente para reaccionar y no cinco minutos antes del reparto? Es culpa de todos sin ninguna duda, pero el caos permanente hace fallar a todas las partes que tenían que verificar y controlar este pedido para ser entregado.

Que no se preocupe ningún ferretero, porque no es al único que le ocurre. Por mi profesión de consultor veo y doy consejos con las soluciones a este tipo de problemas a diario, ya que esto les ocurre a muchísimos establecimientos de ferretería. Es posible vivir sin el caos y trabajar con una previsión y planificación sobre lo que hay que hacer y cómo hacerlo. ¿Por qué unos ferreteros ya lo hacen y van mejor y otros no?

Sugerencias y comentarios sobre el caos en ferretería

• El caso es el resultado del desorden, la falta de programación y la improvisación.
• Improvisar y no programar nuestro día a día genera un caos con costes muy elevados que se van acumulando y llega un momento que pasan factura a la actividad.
• Si supiéramos el coste que tiene el caos para nuestra ferretería, lo solucionaríamos al momento. En algunos casos, sirve como motivante para trabajar más, pero descontroladamente.