Ago 02

Dónde empieza el desorden en nuestra ferretería y cómo acabar con él

Algunas de esta frases seguramente les van a sonar: “lo dejo un momento, que luego lo recojo”; “no tengo tiempo, luego lo coloco en su sitio”; “déjalo ahí mismo, que lo vienen a recoger”; ”no lo guardes mucho, porque luego no se encuentra”; “no lo toques, que luego lo tengo que hacer servir”, etc.

La lista de justificaciones o comentarios sobre acciones que deberíamos realizar correctamente, pero que no hacemos, es muy larga. Dejamos en cualquier lugar y fuera de su sitio elementos, productos, tarifas, recambios y cualquier cosa. El principio del desorden es muy simple y se inicia fácilmente. En cambio, ordenar el desorden es casi imposible. Por este motivo, debemos de tener siempre presente que, cuando dejamos algo fuera de su lugar, nos afecta en muchos aspectos, como la pérdida de tiempo y la mala impresión que ofrece una ferretería llena de cosas encima del mostrador, en las estanterías, etc.

Hay cientos y cientos de lugares que recogen todo lo que no sabemos dónde guardar y pensamos que dejarlo en cualquier sitio resulta más rápido que poniéndolo en su lugar correcto. Un 39 % de las ferreterías españolas utilizan esta ‘técnica’ del desorden. Pero lo más alarmante es el porcentaje de todo lo que se encuentra fuera de lugar, aproximadamente el 8 % de productos, recambios, tarifas, catálogos, revistas, muestras, etc., que se mueven a diario.

Si hacemos una reflexión profunda y nos colocamos en el centro de nuestra ferretería y giramos 360º, podremos ir viendo todo lo que está fuera de su lugar. Y lo peor es que ya forma parte del paisaje o la visión general de la ferretería. Cuando entramos en esta rueda del desorden, cuesta mucho salir de ella, ya que se necesita tiempo para corregir este problema. Y, por norma general, la ferretería convencional no dispone de tiempo, debido a sus cortos recursos de personal.

Supongo que también les sonarán frases como “al cerrar me quedaré para ordenarlo todo”; ”mañana vendré antes y ordeno todo este desorden”; ”voy a venir el domingo por la mañana y recoloco y ordeno todo”, etc. Son habituales y muy normales. Pero lo que no es normal es tener que utilizar tiempo de ocio o de descanso para ordenar lo que ya no tendría que desordenarse.

Por ello, es de vital importancia evitar y cortar de inicio dejar algo fuera de su lugar, ya que la recolocación supone un coste de casi tres veces más que si lo colocamos en el momento que estamos utilizándolo.

El mal ejemplo no debe cundir

Otro aspecto muy peligroso es quién puede dejarlo todo en cualquier lugar y quién no puede hacerlo. Al final, todos los empleados acaban dejándolo ahí de cualquier manera, al ver que el jefe, encargado u otros compañeros con más antigüedad en la empresa lo hacen y no pasa nada. El mal ejemplo, los “no pasa nada”, “da lo mismo”, “no importa” son otros de los puntos en los cuales deberíamos de trabajar y erradicar, porque acaban sumando y acumulando fuerza. Y vuelven normal y cotidiano lo que tendría que ser anormal y muy esporádico. Si en algún momento muy concreto debemos de dejar algo fuera de su lugar por una necesidad, no pasa nada. Pero donde sí surgen problemas es cuando lo puntual se transforma en normal y entramos dentro de un mundo en el trabajar en un establecimiento lleno de todo por todos los sitios se normaliza y autoriza.

Tenemos que saber el sobrecoste que supone no corregir esta debilidadde utilizar todos los espacios, visibles por los clientes o no, para depositar transitoria o temporalmente -o hasta de forma permanente- elementos que hemos utilizado y que no nos apetece o no tenemos tiempo para recolocarlos donde los sacamos. El coste, al margen del impacto visual y de la sensación que ofrecemos, también es económico. Porque una de las soluciones más aplicadas es destinar algún empleado, cuando ya no podemos más, un día, dos o los que haga falta, a recolocar todo lo esparcido por nuestra ferretería.

Pero esta solución tiene otro gran problema. Muchos de los elementos que debemos de recolocar son ajenos a la actividad, por ejemplo, un recambio que dejó de muestra un cliente, una muestra de color de otro cliente, etc. En estas situaciones, la persona que es ordenada, y que no es quien dejo todas esas cosas por todos los sitios, debe de ir a preguntar a cada uno de los responsables o vendedores de la ferretería si eso lo puede tirar o guardar. Y ahí se inicia uno de los peores bucles, ya que estamos intentando ordenar algo imposible, al no saber de quién era esa pieza, muestras, notas y apuntes, etc. Esto gasta tiempo y solo arregla parte del problema. Pero lo deja aplazado de nuevo, porque no esa persona no puede perder tanto tiempo en ordenar algo que cada uno sabe dónde debe ir, si se puede tirar o se tiene que devolver al cliente.

Acumular cosas y cosas fuera de su sitio debe de ser una acción sobre la que reflexionar, cuando la vayamos a hacer, y pensar lo que nos supone en invertir este tiempo en dejarlo en su lugar o darle el curso necesario, si es una reparación llevarlo al servicio técnico, si es para devolver a un proveedor, en una zona o estantería para dicho efecto, etc. Pero no hay apelotonarlo todo en un mismo lugar, porque el problema va creciendo y creciendo. Y no hacemos nada por solucionar algo que sabemos que nunca, repito nunca, se solucionará.

Sugerencias y comentarios sobre el desorden en la ferretería

  • Existe una línea muy fina entre el orden y el desorden. En cambio, el coste de solucionar el desorden es muy alto.
  • Si sabemos que no podremos solucionar un problema, por qué lo asumimos. Por ejemplo, nos quedamos con una muestra de un cliente y decimos que intentaremos buscar el producto, aunque sabemos que no será así.
  • Es más rentable gastar tiempo cuando se genera el problema, que posteriormente.
  • La sensación de orden o desorden es un fiel reflejo de lo que somos y cómo tenemos nuestra ferretería de bien o mal organizada. Y esto es lo que ven nuestros clientes.