May 03

Hazlo bien, hazlo fácil y hazlo

Lo mejor ante una acción es una reacción. La activación y hacer las cosas forma parte del éxito de toda actividad y aún más en el comercio, especialmente en el sector ferretero, donde debemos innovar y mejorar todos los días y en todo momento.

Es muy importante no dejar para mañana lo que se pueda hacer hoy. El cansancio y la rutina nos pasan factura a todos y, en muchas ocasiones, no contamos con los suficientes recursos humanos para atender adecuadamente y mantener una ferretería en óptimas condiciones. Esto penaliza y nos hace la carga aún más pesada.

Con el paso del tiempo empezamos a ver bien las cosas que están mal; vemos limpio lo que está sucio; abrimos cinco minutos más tarde, porque no le damos importancia a la puntualidad; no ordenamos ni reponemos la tienda, porque no tenemos ganas y ya lo haremos mañana; no hacemos nada por mejorar, porque las ideas que nos fluyen las descartamos; nos faltan ganas de hacer y activar cosas; el nivel de bloqueo es cada vez mayor y nos encontramos más lejos del camino correcto para la solución y la mejora de la actividad, etc.

Compadecernos y lamentarnos no nos hará los pedidos, no nos generará más ventas, no se repondrán los productos, sino todo lo contrario. Cada día será peor y más difícil salir de ese agujero que, sin darnos cuenta, vamos cavando y cavando. Debemos hacer cosas y tenemos que hacerlas bien. Chutar hacia adelante para ganar tiempo no es la solución.

En todo momento debemos tener claro estas tres premisas: hacerlo bien, hacerlo fácil y hacerlo. Esto tan simple se convierte en la solución. Aunque parezca mentira, a muchos ferreteros les supone algo imposible de realizar, ya que se proponen muchas cosas, pero no las llevan a cabo. Otros las hacen difíciles o casi imposibles. Siempre tenemos justificaciones y malos momentos con los que nos autoengañamos. Y esto no es la solución, sino todo lo contrario, ya que provocamos un problema mayor.

Todas las ferreterías son iguales. Cambia su tamaño o su especialización, pero al final se trata de un establecimiento que ofrece sus servicios y productos a un cliente que compra, si se le ofrece lo que necesita. Y estas necesidades no solo va de productos, sino también de confianza.

El cliente debe de apreciar que nos preocupamos por él y queremos que se sienta cómodo. Pero si nuestra conducta resulta totalmente pasiva y no hacemos nada por ellos, los clientes tampoco harán nada por nosotros y no contaremos con sus compras.

Por este motivo, hacer algo y hacerlo fácil debe de ser una constante de nuestro día a día. No se ha de dejar para mañana cualquier acción que afecte a la sensibilidad de nuestros clientes o que nos reste de la imagen profesional y confort que debe de ofrecer nuestra ferretería. No todo está bien porque no podamos o no queremos hacerlo.

El cliente dispone de una sensibilidad muy especial que le lleva enseguida a clasificar y criticar. Si la imagen que ofrecemos no es positiva, cuesta mucho de eliminar de su mente. La única herramienta para luchar consiste en hacer cosas bien y que sean fáciles, ya que, si resultan muy complejas, se nos activa el gen de la pereza y el cansancio, que nos puede más que lo que realmente tendríamos que hacer. Hay que estar al cien por cien, sin dejarnos influenciar por las situaciones adversas o los malos momentos. Autocompadecernos no nos resolverá el trabajo que debemos de hacer, ni hará que vengan los clientes a comprar, sino todo lo contrario.

El dinero llama al dinero

Y en nuestra ferretería ocurre lo mismo. Si está bien y estamos preparados y dispuestos, atraemos y llamamos la atención de nuestros clientes. Si ocurre todo lo contrario, y nuestra herramienta de trabajo es el pesimismo o la desgana, cada vez será peor y peor. Y lo que provocamos con esta situación, que solo nos sirve para justificarnos a nosotros mismos, es perder clientes y ventas.

Hay trabajos más duros unos que otros, pero permanecer al frente de un establecimiento comercial, y en este caso de una ferretería, resulta complejo, ya que cualquiera no puede ser ferretero. Para ello, se debe contar con conocimientos y ser buen prescriptor, además de disponer de buenos productos y un buen establecimiento. Y esto no es tan importante para otras actividades comerciales. El ferretero debe de saber cómo solucionar los problemas de los clientes, tener los productos adecuados y más actuales, contar con una tienda en condiciones y que genere el confort en la compra que requiere el cliente.

Imaginemos que disponemos de todo esto, pero nos faltan la actitud y las ganas de vender. Por ejemplo, si hoy no hemos llegado a los objetivos, debemos de pensar que mañana será mejor y lo vamos a conseguir. Pero, curiosamente, sucede todo lo contrario. Cuando nos va mal una jornada, semana o un mes, por norma general caemos en el error de venirnos abajo, en vez de activarnos para recuperar lo perdido y ver lo que hacemos mal para cambiarlo. Esta es la razón por la que hay que pensar en todo momento: “hazlo bien” “hazlo fácil” y “hazlo”.

Deben probar esta técnica tan simple y efectiva: no complicar las cosas y ser directos, pero hacerlo ya. Decir que se va a hacer y luego no hacer nada no es la solución.

Pensar en positivo debe de ser una de las normas a tener presente en todas las horas del día. No debemos permitir que nos invada el pesimismo y la frustración, porque el cliente lo ve y, en lugar de premiarnos con sus compras, no viene por miedo. Por este motivo, tenemos que proponernos que hay que hacerlo sí o sí y, además, que sea fácil.

Sugerencias y comentarios para hacer cosas

  • Hacerlo bien y hacerlo fácil es una de las principales recetas para el mejor funcionamiento de nuestra ferretería.
  • No podemos escudarnos, para no hacer cosas, en que estamos de mal humor o no nos han salido las cosas ese día como habíamos planeado.
  • En una ferretería, estar enfado y ser pesimista lo único que se consigue es perder ventas y clientes.
  • No digamos que lo vamos a hacer. Hagámoslo, simplemente.